La percepción de crisis en la que nos encontramos (universal), estará en función de cada persona y cómo ésta le afecte. Se considera que a una gran mayoría le perjudica a excepción de algunos pocos que puedan lucrarse de ello.

Sin embargo, para averiguar hasta qué punto puede perturbar al individuo, se debe explorar y profundizar el significado personal, junto a las peculiaridades contextuales que dicha crisis le representa. Además, de tener en cuenta los mecanismos de afrontamiento que van a estar influidos por las características de personalidad, la habilidad para manejar los afectos, la capacidad de relación a nivel personal, familiar y social, mediado todo ello, por la cultura, creencias y trayectoria experiencial.

Un suceso de esta índole donde existe separación de los seres queridos incluso pérdidas humanas, desestabilidad económica por reducción de ingresos, incertidumbre hacía el futuro, puede llevar a algunas personas a producir sentimientos de ansiedad, frustración y miedo.

Si bien, la mayoría de las personas manejan el nivel de estrés dentro de unos márgenes permisibles, pueden hallarse otras que, por su vulnerabilidad o exposición directa a la fuente de estrés, puedan presentar síntomas que requieran intervención psicológica especializada.  Lo importante es que la persona sea capaz de darse cuenta de su situación y en qué nivel se encuentra afectado. Los pensamientos reiterados que no encuentran respuestas o salida se mantienen bloqueados y ello puede ocasionar reacciones inesperadas, considerando la pérdida como algo irrecuperable

Entonces, ¿cómo puede reaccionar la persona, ante la impotencia de algo que desconoce qué sucederá en un futuro cercano, percibido como una amenaza?

Ante el estrés que produce sucesos como esta crisis, reflejar que es normal sentir rabia e impotencia, pero cuando no se controla genera hostilidad. También, ansiedad, al no manejarse bien, produce inseguridad y miedos.  Y tristeza, que si se mantiene en el tiempo puede provocar melancolía y pasar a formar parte de una sintomatología depresiva. Todos estos afectos no suelen estar aislados, incluso es frecuente una combinación de los mismos. Por ello, es primordial, determinar la emoción que aqueja, la intensidad y su frecuencia para su abordaje.

A nivel conductual, las reacciones que suele aparecer ante una crisis es: en primer lugar, de bloqueo (sensación de no poder hacer nada para enfrentarla). Posteriormente una evitación (intento activo de escape del problema, incluso la negación de la situación). Y finalmente un acercamiento con un intento activo por afrontar los problemas consecuentes de dicha crisis.

Actualmente, existen condiciones sobre todo en grupos de riesgos que les hace más vulnerables, que puede ocasionar en algún momento sentimientos de desesperanza y pérdida del sentido de la vida. Sin embargo, existen algunos aspectos que motivan y favorecen la protección en el individuo. A continuación, se expone algunos de ellos:

  • Determinados aspectos de personalidad, facilitan el mantenimiento del equilibrio emocional, como la autoconfianza, la capacidad de petición de ayuda y la toma de decisiones para realizar cambios en la solución de problemas.
  •  La existencia del ser en el mundo, percibida con sentido.
  •  Interacciones significativas a pesar de que exista o no contacto directo de parejas, familiares y amistades.
  •  Disponibilidad de un sistema de apoyo con acceso a recursos económicos e institucionales.

Toda crisis produce un cambio, la cuestión es cómo percibirlo. Es decir, su transcendencia, la evolución de la persona en el contexto que le rodea, el aprendizaje adquirido y la trasformación que supone adaptarse al restablecimiento social.

Si alguien se siente desbordado por la crisis y considere que no haya esperanza para afrontar dicha circunstancia, se recomendaría un asesoramiento psicológico donde una intervención breve de una o dos sesiones incitaría el resurgir de las propias habilidades estratégicas de afrontamiento, generando resiliencia y reafirmando fortalezas. Proporcionando esperanza, y aliento para enfrentarse a lo que tiene que llegar…

“Ante esta circunstancia de crisis que todavía no ha finalizado, me uno a la solidaridad de todos los profesionales que se encuentran realizando su servicio de forma desinteresada (gratuita)”