Imagínate en un punto del mundo, que eres una persona que nace en un momento determinado, es decir, en un lapso de tiempo que transcurre en segundos, minutos, hora, día, mes y año concreto. Ahora bien, plantéate  del por qué,  para qué naces y te encuentras en esta vida, quizás te genere cantidad de incertidumbres  y seguramente con diversidad de respuestas. ¿Cuál crees que sería la más apropiada?

Todo dependerá donde uno nace, el contexto que le rodea y qué vínculos establece. Es importante reflejar, que las personas necesitan el sentido de pertenencia, hacia algo y hacia alguien. Las creencias hacen que nos emocionemos,  que genere sentimientos, pensamientos y que nos comportemos de una manera determinada. Por ejemplo,  la religión mueve masas de creyentes considerándose la fe algo vital en su supervivencia.  Aunque según la historia hasta la actualidad, existen grandes discordancias entre religiones que hacen generar perjuicios y sufrimientos por imponer su dogma.

Entonces, en qué medida se hallan afectadas las personas individualmente sobre este tema. ¿Se tiene claro la existencia en este mundo y cuál es el fin? Es por ello, que detenerse y hacer reflexión sobre el sentido de la vida, facilita encontrarse a sí mismo con lo que uno quiere y desea.

A nivel profesional, puedo decir que numerosas personas se lo cuestionan.  Aunque, se disponga de las necesidades básicas cubiertas, el conocer el sentido de sus vidas hará que el transcurso en ella pueda desarrollarse de manera satisfactoria. Este tema, también es muy relevante en la clínica, aunque no se muestra abiertamente, pero cuando se indaga en ello, se suele encontrar un vacío existencial. Existen unas etapas evolutivas más vulnerables que otras, concretamente la adolescencia y la vejez. Lo que ocasiona estados de ánimo alterados que suelen producir ansiedad por no entender y depresión por no hallar respuestas. La falta de abordaje adecuado, en ocasiones puede inducir al intento de suicidio.

¿Es posible hacer algo cuando existe ambigüedad del por qué existimos?

Siempre es posible. Tenemos un cerebro que nos aproxima a la comprensión. Las claves las tiene que hallar uno mismo, si bien a veces con ayuda de un profesional. En la foto refleja   ¡mi percepción es mi vida! Eso sí que es una realidad, la propia de cada uno, la que le toca vivir, aunque a veces son erróneas, pero se puede corregir.

El cómo se vive la vida, dependerá de cuanto se esté preparado. Se puede contemplar como una balanza, por un lado entre los errores que a uno le sirve como aprendizaje y por el otro, el amor que pone en todo aquello que realiza para superarlos. Así pues, el equilibrio se halla en la conciencia del autoconocimiento, de encontrar un sentido coherente a la existencia, de ser integro en adquirir un sentido claro de lo que está bien y lo que está mal, junto a una toma de decisiones adecuada. Así las acciones no se malgastan, ni perjudican, más bien se distribuyen para beneficiar.

 

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