El diagnóstico de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) está considerado como una enfermedad grave y crónica que afecta a una gran cantidad de infantes, adolescentes e incluso en adultos. Se caracteriza por la combinación de problemas persistentes, tales como dificultad para mantener la atención, hiperactividad e impulsividad, que produce escaso control de impulsos, falta de organización y motivación, generando en los niños/as comportamientos inadecuados tanto fuera como dentro del aula.

Los padres o tutores al ser informados desde el colegio de la problemática de su hijo/a solicitan a su correspondiente pediatra la valoración del infante y realiza una derivación a la unidad de salud mental infantil (psiquiatría) para la evaluación de los síntomas y realizar el diagnóstico, basándose en los criterios del DSM-5 o de la CIE-10.

Hoy por hoy se desconoce la causa TDAH, aunque algunas investigaciones consideran que puede tratarse de un trastorno neurobiológico complejo (ej. circuitos reguladores que comunican zonas cerebrales). Además, de componentes genéticos y factores ambientales. Lo que plantea la necesidad de un tratamiento específico y personalizado para cada niño/a.

Los fármacos como los psicoestimulantes suelen ser el tratamiento estándar y numerosos estudios han manifestado algunas controversias por la falta de evidencia científica en cuanto a los efectos secundarios que ocasionan. Lo relevante de la labor del profesional clínico, es un adecuado diagnóstico, aunque a veces su realización pueda ser compleja. Este tema en la actualidad, se sigue debatiendo tanto por el proceso de su desarrollo, como tratamientos y evolución.

A nivel personal, después de años de trabajo y el estar en contacto directo con infantes, destacaría algunas consideraciones…

Por un lado, se debería contemplar una evaluación ajustada y específica a la personalidad del niño/a o adolescente. Existen cuestionarios donde se evalúan los síntomas y se obtiene el diagnóstico sobre criterios que se tallan por el mismo patrón. Se valora las respuestas en función de la valoración realizada por el infante, los progenitores o tutores y también la información dada por los profesores del colegio. Aunque estoy de acuerdo que se utilice criterios de protocolos de actuación, habría que averiguar si a nivel biológico, químico, la carencia de vitaminas y minerales, la alimentación o determinados comportamientos o actitudes tanto del propio infante o de las personas que convivan con él, pueden estar influyendo en la generación de dichos síntomas.

Por otro, el tratamiento farmacológico debe llevar un seguimiento exhaustivo, puesto que algunos efectos secundarios pueden llegar a ser  bastante perjudicables. Señalar que a corto plazo puede solucionar la problemática, pero hoy por hoy no existen investigaciones a medio y largo plazo que confirmen que algunos efectos secundarios no lesionen algunos órganos vitales.

La cuestión es actuar con integridad y honestidad. No todo vale! a costa de personitas que acaban afectándoles en su etapa de evolución. Los padres o tutores hacen lo que creen que es mejor para sus hijos/as porque confían en los profesionales. Sin embargo, se deberían preguntar por conciencia, si no existen otra alternativa mejor de intervención para el caso de su hijo/a.

Existe bastante literatura donde refleja que la primera opción  en niños pequeños no sólo son los fármacos, sino que existe tratamientos  terapéuticos como la terapia conductual que ha demostrado ser tan eficaz como los medicamentos, puesto que facilita tanto a padres e hijos el entendimiento y la comprensión de las habilidades y estrategias disponibles para afrontar la situación y mejorarla. Es aquí!  En esta etapa, donde se puede prevenir que llegue a formalizarse un TDAH.

Personalmente, me he encontrados con niños pequeños muy espabilados e inquietos, podría decir especiales, con gran sabiduría y con diversidad de facultades  (creatividad, con un gran potencial, llenos de ideas, de vitalidad, alegres, etc.). Sin embargo, cuando se han tratado con medicación, se han vuelto más centrados  sí, han conseguido estar más tranquilos, también, pero dejan de ser una parte de ellos.

Considero que existen otras formas de actuar con este perfil de infantes, donde se respete quien es cada uno, simplemente por lo que se es. Ayudarles a auto-conocerse y a que aprendan todo aquello que requieran para tener estabilidad, desde un enfoque terapéutico emocional-cognitivo-conductual (de cómo se sienten, piensan y se comportan). Entendiendo el porqué de su actitud,  para que lleguen a ser capaces de recuperarse y ser seres felices.

 

Ama y Vive